Sede del XXIII CEA

Museo de las Ciencias de Castilla La Mancha - Cuenca


Cuenca es una ciudad que aúna, en su realidad, la obra de la naturaleza y la mano del hombre. Entre ambos, han cooperado, durante siglos, para armonizar una realidad que presenta una imagen que despierta sorpresa y emoción tanto al lugareño como al visitante. Además de ello, Cuenca es una ciudad que ha sabido conciliar tradición y vanguardia, muy especialmente, en el arte, pero también en otros ámbitos de su realidad que la han convertido en un espacio merecedor de que nos sintamos orgullosos por su pasado y esperanzados en un futuro de progreso y desarrollo.

Por todas esas razones, Cuenca era la ciudad perfecta para emplazar un Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha que simbolizó, desde su origen, el interés de nuestra Comunidad Autónoma en hacer del conocimiento, de los nuevos descubrimientos y de la ampliación del interés por la ciencia y por la cultura científica una seña de identidad regional. Partimos de la convicción de que la ciencia y el conocimiento son ejes que vertebran el camino del porvenir, de un porvenir caracterizado por el incremento del bienestar para todos.

Hoy, transcurridas casi dos décadas después de su creación, el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha conserva todo su contenido simbólico, para la ciudad, para la provincia y, por supuesto, para la región. Y, a todo ello, ha unido su condición de emplazamiento básico en el mapa de la ciencia en España. Este es un crecimiento que debemos aprovechar para que ese objetivo inicial que alumbró este espacio museístico siga fijando la senda del futuro.

Parece evidente que el interés por la ciencia es algo que debe cultivarse desde edades tempranas. Solo así nos aseguraremos contar con personas inclinadas al conocimiento, al saber, una condición que está en la raíz profunda de nuestra naturaleza como seres humanos, pero que, en el presente, ha cobrado una dimensión práctica fundamental, puesto que la economía actual se rige por criterios de competitividad, de valor añadido y de diversificación de las actividades productivas, criterios, a su vez, que dependen, en un importante grado, del conocimiento, de la ciencia, de la investigación que posibilite la innovación. En consecuencia, el flujo de escolares que transitan por la Plaza de la Merced es una de las imágenes que más y mejor prefiguran la Castilla-La Mancha del futuro.

 

 

Sin embargo, más allá de emplazamientos sugestivos y de aciertos en las decisiones institucionales, el gran éxito del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha obedece a la concepción y desarrollo de un proyecto museístico moderno, sorprendente, que ha sabido conjuntar las aportaciones de las nuevas tecnologías junto con un criterio expositivo que ofrece un itinerario de visita verdaderamente apasionante. […]

El mañana se abre, ante nosotros, asentado sobre una trayectoria pasada que ha consolidado un espacio de referencia, que nació con vocación de permanecer en el tiempo, y que ha ido creciendo en capacidad de atracción hasta hacer, de la etapa que se avecina, un auténtico desafío que la ciencia, a su vez, convertirá en un acicate.


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